Antecedentes

En el siglo XVI Felipe II, Rey de España, determinó que los benedictinos fueran en su espiritualidad y apostolado netamente contemplativos y que las recién descubiertas Américas fueran territorios misioneros. Por lo tanto, los benedictinos no podían ser misioneros en las Américas. Solamente otras comunidades religiosas vinieron en grandes números: franciscanos, jesuitas, dominicos y muchas otras comunidades.

En los años de 1870 y 1880 hubo una Revolución Liberal en Guatemala y un general anticlerical, Justo Rufino Barrios –quien fue el líder de la Revolución–, expulsó a todo el clero extranjero cerrando todas las casas religiosas y seminarios del país. De manera que no fue hasta en la década de 1940 cuando algunos religiosos empezaron a regresar a Guatemala.

Durante los primeros años de la década de 1960 tuvieron lugar tres hechos simultáneos que fueron factores de mucha influencia:

  • En el Congreso de Abades de todo el mundo, que tuvo lugar en Roma en el año de 1959, un representante del Papa habló sobre la necesidad e importancia de establecer monasterios benedictinos en territorios misioneros.
  • Poco tiempo después el Papa Juan XXIII hizo un urgente llamado especialmente a la Iglesia y a los superiores religiosos de los Estados Unidos para que enviaran por lo menos el 10% de sus miembros a establecer misiones en América Latina.
  • El tercer factor que favoreció grandemente a las peticiones que hemos descrito con anterioridad es que, la Abadía de Marmion en aquel momento tenía 60 miembros; por esta razón era posible enviar a 6 (que constituían el 10%) para dar inicio a una fundación.

Es importante tener en cuenta que, en aquel entonces, el espíritu misionero estaba en uno de sus mejores momentos; por lo que en la Abadía de Marmion 17 monjes se ofrecieron para dar inicio a la fundación, de los cuales el Padre Abad Geraldo Benkert, O.S.B. (primer Abad de Marmion, 1947-1969), eligió únicamente a 6 de los voluntarios.

El Abad Geraldo, consciente que en la tradición benedictina ha habido una especial atención al espíritu misionero, particularmente en aquellos lugares donde la Iglesia más lo necesita, atendió la petición apostólica deseando establecer una misión en cualquier parte de América Latina.

De ahí que el Abad Geraldo recibiera peticiones de obispos de Nicaragua, Perú y Ecuador quienes deseaban que la comunidad de Marmion estableciera una misión en sus respectivas diócesis. Sin embargo, todo parece haber apuntado a que Guatemala fuera el lugar para la nueva misión de la Abadía de Marmion.

ConócenosHistoriaFundación